El plato de porcelana temblaba levemente entre mis manos. 🕯️

El plato de porcelana temblaba levemente entre mis manos. 🕯️

El regreso a la fortaleza de cristal 🏛️

No me lo pensé dos veces. Di media vuelta y dejé que mis pasos resonaran con fuerza sobre los adoquines mojados de vuelta hacia los portones de hierro fundido de la mansión. Mis zapatos estaban empapados, pero la duda y el temor habían desaparecido por completo de mi pecho.

Al cruzar la puerta principal, el gran vestíbulo de mármol olía a cera de abejas y al perfume amargo de la soledad. Julián estaba en el piso superior, caminando de un lado a otro con un vaso de cristal en la mano, observando las sombras de la noche a través de los ventanales.

—Le dije que se fuera, Elena —dijo sin volverse, con esa voz áspera que intentaba ocultar un abismo de dolor.

—Le aconsejo que me escuche antes de llamar a la seguridad, señor Vance —respondí subiendo el primer tramo de la majestuosa escalera de caracol.

—No tengo nada que hablar con una empleada insubordinada —sentenció dando un trago a su bebida.

—¿Ni siquiera si se trata de la salud de su hijo y del veneno que le están administrando diariamente? —lanzó la pregunta como un dardo preciso. 🎯

Julián se congeló. El vaso estuvo a punto de resbalar de entre sus dedos. Se giró despacio, revelando unos ojos oscuros inyectados en sangre y cruzados por un cansancio antiguo.

—¿Qué estupidez está diciendo? —murmuró, bajando los peldaños con la agilidad de un depredador acorralado.

—Léalo usted mismo —dijo tendiéndole el sobre azul—. Su esposa no murió por causas naturales. Y Mateo no está impedido para caminar por un fallo hereditario. Lo están envenenando suavemente para quedarse con la fortuna que ella le dejó.

Julián me arrebató los papeles con rabia, dispuesto a romperlos, pero la firma de su difunta esposa y el sello notarial oficial lo paralizaron en el acto.