El regreso a la fortaleza de cristal 🏛️
No me lo pensĂ© dos veces. Di media vuelta y dejĂ© que mis pasos resonaran con fuerza sobre los adoquines mojados de vuelta hacia los portones de hierro fundido de la mansiĂłn. Mis zapatos estaban empapados, pero la duda y el temor habĂan desaparecido por completo de mi pecho.
Al cruzar la puerta principal, el gran vestĂbulo de mármol olĂa a cera de abejas y al perfume amargo de la soledad. Julián estaba en el piso superior, caminando de un lado a otro con un vaso de cristal en la mano, observando las sombras de la noche a travĂ©s de los ventanales.
—Le dije que se fuera, Elena —dijo sin volverse, con esa voz áspera que intentaba ocultar un abismo de dolor.
—Le aconsejo que me escuche antes de llamar a la seguridad, señor Vance —respondà subiendo el primer tramo de la majestuosa escalera de caracol.
—No tengo nada que hablar con una empleada insubordinada —sentenció dando un trago a su bebida.
—¿Ni siquiera si se trata de la salud de su hijo y del veneno que le están administrando diariamente? —lanzó la pregunta como un dardo preciso. 🎯
Julián se congeló. El vaso estuvo a punto de resbalar de entre sus dedos. Se giró despacio, revelando unos ojos oscuros inyectados en sangre y cruzados por un cansancio antiguo.
—¿Qué estupidez está diciendo? —murmuró, bajando los peldaños con la agilidad de un depredador acorralado.
—Léalo usted mismo —dijo tendiéndole el sobre azul—. Su esposa no murió por causas naturales. Y Mateo no está impedido para caminar por un fallo hereditario. Lo están envenenando suavemente para quedarse con la fortuna que ella le dejó.
Julián me arrebató los papeles con rabia, dispuesto a romperlos, pero la firma de su difunta esposa y el sello notarial oficial lo paralizaron en el acto.
La ruptura de las máscaras 💔
A medida que sus ojos recorrĂan las lĂneas mecanografiadas y los anexos mĂ©dicos adjuntos, la expresiĂłn de acero de Julián comenzĂł a desmoronarse. El hombre poderoso, el magnate inquebrantable que gobernaba empresas con mano de hierro, se doblĂł sobre sĂ mismo. Sus hombros colapsaron y apretĂł el papel contra su pecho como si intentara abrazar un fantasma.
—Esto… esto no puede ser verdad… Harrison ha sido mi mĂ©dico de confianza durante diez años —balbuceĂł con la voz rota.
—Es la pura verdad —respondà acercándome con cautela—. Y hay algo más que necesita saber.
Él levantó la vista, completamente vulnerable por primera vez.
—Victoria era mi hermana —dije suavemente—. Entré a esta casa para proteger a Mateo. No vine por su dinero, ni por su trabajo. Vine por mi familia.
Un silencio denso y revelador envolviĂł la enorme mansiĂłn. Las piezas del rompecabezas que Julián no habĂa podido encajar durante años cayeron finalmente en su lugar. La ternura con la que yo miraba a Mateo, el parecido de mis ojos con los de su esposa muerta, la determinaciĂłn implacable con la que me enfrentaba a Ă©l.
—Mi propio hermano… —susurrĂł Julián, comprendiendo la conspiraciĂłn que se desarrollaba a sus espaldas.
—TodavĂa estamos a tiempo de salvarlo —dije con firmeza—. Pero tenemos que actuar esta misma noche. 🌙