La Caída de los Máscaras y la Lección Final ⚖️
Gabriel corrió hacia el lado del conductor, golpeando desesperadamente la ventanilla del vehículo de Elena. Sus ojos, antes llenos de superioridad y arrogancia, ahora reflejaban un pánico primario y desgarrador.
—Elena, escúchame, por favor —suplicó Gabriel, con la voz ahogada por el pánico—. Podemos arreglar esto. Todo lo que hice fue por el futuro de nuestra familia, por el bien de Maya. Tu padre quería que yo protegiera la empresa hasta que tú estuvieras lista.
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—¿Protegerme, Gabriel? —preguntó Elena, bajando la ventanilla apenas unos centímetros para que su voz se escuchara firme y serena.
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—¿Protegerme vendiendo las acciones de la fundación de mi madre? ¿Protegerme comprándole un departamento de lujo a tu secretaria en el centro de la ciudad?
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Gabriel se quedó petrificado, con la boca abierta y la piel completamente desprovista de color. Doña Victoria, al escuchar las palabras de su nueras, se llevó las manos a la boca, sofocando un grito de absoluta vergüenza.
—No vuelvas a nombrar a mi hija como excusa para tus ambiciones desmedidas —continuó Elena, fijando sus ojos oscuros en los de su aún esposo—. Maya no crecerá viendo a una madre sometida ni a un padre deshonesto.
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—¡Te dejé tenerlo todo porque pensé que tenías corazón! —gritó Gabriel, desesperado, aferrándose al borde de la puerta del carro.
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—Y yo te lo quito todo hoy porque descubrí que nunca tuviste dignidad —sentenció ella.