Fui al banco a solicitar una hipoteca y descubrí que tenía un esposo… tres días después hice que el sistema lo declarara muerto

Fui al banco a solicitar una hipoteca y descubrí que tenía un esposo… tres días después hice que el sistema lo declarara muerto

Parte 2
Victor siguió gritando incluso después de que yo dejara de responder.

—¡Sophia!

—¡No puedes hacerme esto!

—¡No sabes con quién estás tratando!

Aparté el teléfono de mi oído.

—Tiene razón en una cosa —dije—. No sé quién es.

—Por eso quiero que lo explique ante la policía.

Colgué.

Durante varios segundos permanecí sentada frente a la mesa.

No sentí triunfo.

Tampoco alivio.

Solo una fatiga profunda.

Había dormido menos de cuatro horas en tres días.

Sobre la mesa estaban extendidos los documentos que demostraban una vida matrimonial inexistente.

Una fotografía falsa.

Una firma imitada.

Una huella que no era mía.

Un domicilio robado.

Dos millones de deuda.

Y un hombre que acababa de acusarme de destruirlo porque había impedido que utilizara mi identidad.

El agente Daniel Brooks me llamó diez minutos después.

Había sido el primero en atenderme en la comisaría.

—Lo retuvieron.

—¿Arrestado?

—Todavía no formalmente.

—Está siendo trasladado para verificar identidad y responder por documentos fraudulentos.

—Sus abogados intentarán presentarlo como un error administrativo.

—¿Un error administrativo con una esposa falsa?

—Por eso necesitamos que no hable directamente con él.

—Ya me llamó.

Daniel guardó silencio.

—¿Qué le dijo?

—Que no sabía con quién me estaba metiendo.

—¿Y usted?

—Que no conocía a ningún muerto.

Escuché una respiración que parecía contener una risa.

—Señorita Bennett, no vuelva a contestar.

—Desde ahora, todo a través de nosotros o de su abogado.

—Todavía no tengo abogado.

—Consiga uno hoy.

—Victor no parece trabajar solo.

La frase volvió a tensarme.

—¿Qué encontraron?

—No puedo dar detalles completos por teléfono.

—Pero el funcionario que validó su matrimonio también tramitó otros nueve registros sospechosos.

Nueve.

Me quedé inmóvil.

—¿Nueve mujeres?

—Ocho mujeres y un hombre.

—¿Todos vinculados a deudas?

—Todavía estamos comprobando.

—Su caso puede ser parte de una red.

Miré la fotografía de la mujer que había usado mi nombre.

—¿Encontraron a la persona que fingió ser yo?

—No todavía.

—Pero creemos que aparece en al menos otros dos expedientes.

—Con identidades distintas.

Una sustituta profesional.

Alguien capaz de memorizar firmas, imitar estilos y presentarse ante funcionarios corruptos.

—Daniel.

—¿Sí?

—¿Cómo consiguieron mi documento original?

—Eso también estamos investigando.

—¿Alguna vez entregó copias en una agencia inmobiliaria, financiera, empresa o clínica?

La lista era infinita.

Había utilizado mi identificación para abrir cuentas.

Alquilar.

Trabajar.

Recibir tratamientos.

Inscribirme en cursos.

Solicitar seguros.

—Podrían haberla obtenido de cualquier lugar.

—Correcto.

—Pero el expediente incluía detalles que no aparecen en una copia común.

—¿Como qué?

—El nombre anterior de su calle.

—Un número de teléfono que dejó de usar hace cuatro años.

—Y una fotografía tomada de frente sin gafas.

Sentí un escalofrío.

—Eso significa que me investigaron.

—Sí.

—No fue una elección al azar.

—No.

—Alguien construyó un perfil completo.

Después de terminar la llamada, busqué un abogado especializado en fraude de identidad.

No elegí al más famoso.