El Choque de Poderes en la Escalinata 🏛️
Frente al micrĂłfono, Valeria abriĂł la carpeta de cuero negro. Dentro no habĂa discursos pulidos por asesores de imagen, sino fotocopias de transferencias bancarias en cuentas bancarias en el extranjero, registros de llamadas satelitales encriptadas y la orden de cancelaciĂłn de rescate firmada de su propio puño y letra por el General Hughes.
El General, posado en la terraza superior con su uniforme de gala, dio dos pasos atrás, intentando alejarse de los teleobjetivos de los fotĂłgrafos. Pero ya era demasiado tarde. Los rostros de pánico de los conspiradores se transmitĂan en directo a millones de hogares.
—¡Es una traidora desequilibrada! —gritĂł el Senador Vance, rompiendo finalmente la lĂnea de seguridad y abalanzándose hacia el atril con la cara desencajada—. ¡Está sufriendo un colapso postraumático! ¡Corten la transmisiĂłn de televisiĂłn inmediatamente!
Los guardias de honor no se movieron. Ninguno de los jĂłvenes soldados en formaciĂłn levantĂł su rifle ni dio un paso para interceptar a Valeria. Muchos de ellos habĂan entrenado bajo su mando; conocĂan su disciplina, su lealtad inquebrantable y, sobre todo, sabĂan que una Capitana del Regimiento de Inteligencia jamás mentirĂa sobre la vida de sus hombres.
—Que nadie toque ese atril —resonĂł la voz del Almirante Sterling, dando un paso al frente y bloqueando el camino del Senador con su imponente figura—. La oficial tiene la palabra conforme al artĂculo cuarenta y cuatro del CĂłdigo de Justicia Militar. Cualquier interferencia será tratada como desacato directo a una investigaciĂłn en curso.
—¡Sterling, te voy a destruir! —bramĂł el polĂtico, con las venas del cuello a punto de estallar.
—Usted ya se destruyĂł a sĂ mismo el dĂa que le puso precio a la vida de su propia hija, Senador —replicĂł Sterling en un susurro que helĂł la sangre del anciano.