“Operaciones suspendidas. Cuenta sujeta a investigación por posibles irregularidades fiscales, uso indebido de garantías y desvío de fondos.”
Diego sintió que se le doblaban las piernas.
En ese instante sonó su teléfono.
Era Ramiro, su contador.
—Señor Paredes —susurró—, llegaron funcionarios a la empresa. Están revisando los contratos de los últimos 3 años… y preguntan por la señora Emilia Lozano.
Diego miró hacia el salón, donde su familia seguía riéndose de la mujer que acababa de perder.
Entonces Ramiro añadió una frase que le heló la sangre:
—Jefe, creo que usted nunca supo con quién estaba casado.PARTE 2
Ramiro explicó que Paredes Materiales y Construcción no había crecido por el talento de Diego, como él presumía en reuniones y entrevistas locales.
Los contratos con Grupo Altavista, Desarrollos del Valle y Consorcio Cobalto fueron aprobados porque Emilia aparecía como garante reputacional y beneficiaria condicionada.
Sus avales habían abierto líneas de crédito que la empresa de los Paredes jamás habría conseguido sola.
—Eso es imposible —murmuró Diego—. Emilia no tenía dinero.
Ramiro guardó silencio.
—Señor, los documentos llevan la firma de representantes de Lozano Capital. Su esposa no era una empleada cualquiera. Usted nunca preguntó quién era realmente.
Antes de que Diego pudiera responder, Paula apareció en el pasillo.
—¿Qué onda contigo? El gerente ya vino 3 veces. Todos están grabando.
Diego regresó al salón con la camisa manchada de vino y el rostro sin color. El gerente esperaba junto a la mesa principal.
—Necesitamos cerrar la cuenta, señor Paredes.
Teresa se levantó indignada.
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—Mi hijo es cliente VIP. ¿Acaso creen que no puede pagar?
Paula entregó su tarjeta, pero fue rechazada por fondos insuficientes. Las 2 de Teresa tampoco funcionaron.
Los murmullos comenzaron de inmediato.
—¿No que eran millonarios?
—Qué oso, güey. Organizaron una fiesta para humillar a la exesposa y ni pueden pagar.
—Seguro todo era pura apariencia.
Los familiares que habían pedido botellas de 18,000 pesos evitaron la mirada de Teresa cuando ella solicitó un préstamo.
Entonces llegaron 3 llamadas consecutivas.
Grupo Altavista cancelaba su contrato.
Desarrollos del Valle exigía el pago anticipado de materiales.
Consorcio Cobalto activaba una cláusula de protección y reclamaba una indemnización.
En menos de 10 minutos, Diego perdió los proyectos que sostenían el 70% de sus ingresos.
Teresa le apretó el brazo.
—Dime que esa mujer no hizo esto.
Diego no respondió. Marcó a Emilia 4 veces. Ella contestó al último intento.
—Hola, Diego.
Su tranquilidad lo hizo estallar.
—¿Qué hiciste con mis cuentas?
—Retiré mis garantías.
—¡Destruiste mi empresa!
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—No. Retiré lo que era mío. Si tu negocio se derrumba cuando mi nombre desaparece, entonces nunca fue tan tuyo como decías.
Diego miró a su madre discutiendo con el gerente, a Paula llorando y a varios invitados grabando a escondidas.
—Podemos arreglarlo. Quizá el divorcio fue apresurado.
Emilia soltó una risa cansada.
—No fue apresurado. Llegó 3 años tarde.
—Yo puedo cambiar.
—No me llamaste cuando tu madre me llamó inútil. No me defendiste cuando tu hermana dijo que yo era una parásita.
—No preguntaste cómo me sentía cuando llegabas con perfume de otras mujeres. Me llamas ahora porque no puedes pagar una cena.
Diego cerró los ojos.
—Emilia, por favor.
—Durante 3 años aseguraste que yo no aportaba nada. Hoy solo te permití comprobarlo.
Y colgó.
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