Entonces sucedió algo inesperado.
Un estudiante comenzó a aplaudir.
Otro se unió.
En pocos segundos, todo el salón se estalló en aplausos.
Los estudiantes que se habían burlado de Nora permanecieron inmóviles, avergonzados. Uno de ellos se acercó lentamente y le pidió disculpas, seguido por varios más.
El disc-jockey volvió a poner la música.
Esta vez, cuando Jude llevó a Nora hasta la pista, los estudiantes formaron un círculo alrededor de ellos, no para reírse, sino para animarlos.
Más tarde aquella noche, Nora fue coronada reina del baile.
Mientras la observaba sosteniendo la corona sobre su regazo y sonriendo bajo las luces, comprendí que aquella noche le había dado mucho más que un baile.
Había recordado a todos los presentes que el valor no se mide por lo fuerte que alguien parece, sino por la valentía con la que sigue adelante cuando la vida intenta arrebatárselo todo.