Llevé una cena para celebrar mi ascenso, pero mi esposo y su madre se burlaron de mí… entonces revisé quién pagaba realmente nuestra casa.

Llevé una cena para celebrar mi ascenso, pero mi esposo y su madre se burlaron de mí… entonces revisé quién pagaba realmente nuestra casa.

PARTE 2

Daniela llegó a Grupo Nortec antes de las 7:00. El edificio todavía olía a café recién hecho cuando Adriana Salas, la directora saliente, la recibió con una caja de archivos.

—Te voy a entregar el puesto con una advertencia —dijo—: aquí no faltan problemas; faltó valor para cerrarlos.

Durante la mañana revisaron contratos, demandas, accidentes y auditorías. Cerca del mediodía, Adriana puso 4 carpetas rojas sobre la mesa.

—Estos casos llevan meses detenidos.

El primero era Esteban Leal, jefe de seguridad industrial. Había ocultado 2 accidentes para no perder un bono. El segundo, Mauro Cárdenas, supervisor y mejor amigo de Sergio, acumulaba faltas, amenazas a contratistas y reportes por trabajar con aliento alcohólico. El tercero pertenecía a Paola Ríos, analista de nómina, acusada de alterar viáticos sin autorización.

El cuarto decía: Sergio Villarreal.

Daniela sintió que el estómago se le cerraba.

—¿Por qué nadie me informó?

Adriana se quitó los lentes.

—Porque yo frené 2 sanciones. Pensé que evitaba un problema en tu matrimonio. Fue un error.

El expediente contenía 4 incumplimientos de seguridad, retrasos repetidos, insultos a personal operativo y la autorización de materiales sin inspección. Pero lo peor estaba en las últimas páginas: viáticos duplicados, gasolina cargada durante fines de semana y 3 noches de hotel en Saltillo cuando Sergio no tenía comisión autorizada.

La misma fecha del cargo que Daniela había visto en su cuenta.

—Paola validó estos reembolsos —murmuró.

—Por eso su expediente está ligado al de él —respondió Adriana—. Finanzas detectó inconsistencias, pero el gerente de operaciones pidió esperar.

Daniela no pensó primero en una infidelidad. Pensó en algo más frío: Sergio había usado dinero de la empresa mientras le decía que sus viáticos no habían llegado y la dejaba pagar sola la hipoteca.

—Quiero auditoría completa —dijo—. Y voy a declarar por escrito mi conflicto de interés. No tomaré sola ninguna decisión sobre Sergio.

Adriana la miró con respeto.

—Eso es exactamente lo que debe hacer una directora.

Antes de salir, Daniela solicitó al banco el historial del crédito de la casa. La ejecutiva le confirmó que 76% de los pagos habían salido de su cuenta personal. También le envió copia de una solicitud reciente de ampliación hipotecaria por $480,000.

El trámite no había avanzado porque faltaba la firma de Daniela.

—¿Quién inició la solicitud? —preguntó.

—El señor Sergio Villarreal —respondió la ejecutiva—. Dijo que usted estaba de acuerdo y que enviaría su autorización después.

Daniela sintió un escalofrío. Sergio planeaba endeudar una casa que casi no había pagado.

Esa noche encontró a Mauro y Paola en su sala. Habían llevado cerveza y carne para asar. Doña Berta los atendía con una sonrisa que nunca tenía para ella.

—Llegó la jefa —dijo Mauro—. A ver si no nos levanta un acta por usar sus vasos.

Paola rio demasiado fuerte.

—No te preocupes. Daniela siempre ha sido muy sensible, pero se le pasa.

Sergio levantó su botella.

—Mañana vuelve a la normalidad. En esta casa no manda una tarjeta de presentación.

Daniela dejó su bolso y observó a Paola. Llevaba un brazalete dorado que Daniela reconoció. Lo había visto en una fotografía enviada al grupo de la empresa durante una supuesta capacitación en Saltillo. En la imagen, detrás de Paola, aparecía la camioneta asignada a Sergio.

—Qué bonito brazalete —comentó.

Paola escondió la muñeca.

—Es viejo.

—¿Lo compraste en Saltillo?

El silencio cayó de golpe.

Sergio se levantó.

—No empieces con interrogatorios.

—Solo hice una pregunta.

Doña Berta se interpuso.

—A mi hijo no lo vas a tratar como delincuente por sentirte importante.

Daniela miró a Sergio.

—Hoy el banco me envió la solicitud de ampliación hipotecaria.

La botella de Mauro quedó suspendida a medio camino.

—Podemos hablarlo después —dijo Sergio.

—¿Después de que consiguieras mi firma o después de recibir los $480,000?

—Era para invertir.

—¿En qué?

—Un negocio con Mauro.

Mauro bajó la mirada. Paola tomó su bolso.

—Yo mejor me voy.

Daniela abrió la puerta.

—Sí, será mejor. Mañana a las 9:00 tienes entrevista formal por irregularidades en viáticos.

Paola palideció.

—No puedes investigarme por ser amiga de tu esposo.

—No te investigaré por eso, sino por movimientos que llevan tu usuario y tu contraseña.

Cuando se quedaron solos, Sergio la sujetó del brazo. No apretó demasiado, pero fue suficiente.

—Vas a cerrar esos expedientes —susurró—. No vas a destruirme por una pelea doméstica.

Daniela retiró el brazo y activó la grabadora del celular.

—Suéltame y no vuelvas a tocarme.

Doña Berta comenzó a gritar que Daniela quería provocar a su hijo. Ella no discutió. Entró a la recámara, cerró con llave y envió 3 mensajes: uno a Adriana, otro al director jurídico y otro a una abogada familiar.

A las 6:12 de la mañana recibió el primer resultado de la auditoría. Paola había borrado correos, pero el servidor conservaba copias. Uno incluía facturas alteradas y una frase escrita por Sergio: “Mételo como visita técnica; la directora anterior nunca revisa y Daniela jamás se va a enterar”.

Daniela leyó el resto del correo y descubrió que los $480,000 no eran para un negocio.

Eran para pagar una deuda que Sergio y Mauro habían ocultado durante casi 1 año.

¿Qué crees que escondían Sergio y Mauro para arriesgar el trabajo, la casa y hasta la libertad de Daniela?