PARTE 1
—¿Tu hijo de la pierna inútil sigue vivo o por fin dejó de ser una carga?
La voz de Octavio Ríos cruzó la sala de espera del Hospital Santa Lucía, en Guadalajara, y dejó a varias personas en silencio. Elena Navarro levantó la vista del expediente. Habían pasado 18 años desde la última vez que vio a su exmarido, pero reconoció aquella forma de sonreír después de hacer daño.
Octavio ya no era el empresario impecable que presumía relojes caros. Tenía 52 años, la piel grisácea y el cuerpo hinchado. Se apoyaba en un bastón porque su pie izquierdo estaba cubierto con vendas. Aun así, el olor de la infección atravesaba la tela.
Junto a él estaba Verónica, la mujer por la que había abandonado a Elena y a su hijo. Usaba lentes oscuros y apretaba un bolso de marca contra el pecho.
—Mi hijo se llama Emiliano —respondió Elena—. Y nunca fue una carga.
Verónica soltó una risita.
—Ay, Elena, no te pongas sensible. Con el problema que tenía, cualquiera pensaría que no llegó a adulto.
Elena se puso de pie. Llevaba un traje azul marino y una tarjeta de acceso al cuello. Octavio la miró con sorpresa.
—Te fue bien. ¿Eres secretaria de algún doctor?
—Trabajo aquí.
—Entonces ayúdanos —intervino Verónica—. El seguro de Octavio venció y nos quieren cobrar una fortuna.
Octavio alzó la barbilla.
—No pedimos caridad. Solo necesito una firma mientras libero dinero de un negocio.
Elena observó el vendaje mojado, su respiración difícil y el tono amarillento de sus ojos.
—Si de verdad tienes dinero, paga el depósito.
El rostro de Octavio se endureció.
—Sigues siendo rencorosa. Seguro todavía me culpas por haberte dejado con aquel niño enfermo.
Elena sintió que el vestíbulo desaparecía.
Volvió a aquella madrugada de agosto, cuando Emiliano tenía 6 años y acababa de recibir su primera prótesis. Octavio llegó al departamento de Tonalá acompañado por Verónica. Arrojó una carpeta sobre la mesa y ordenó que Elena firmara el divorcio.
—No pasaré mi vida cuidando a un inválido —dijo mientras Emiliano escuchaba desde el pasillo—. Verónica puede darme la familia que merezco.
Elena le rogó una semana para encontrar dónde vivir. Emiliano tenía fiebre por una infección en el muñón y apenas podía sostenerse. Octavio abrió la puerta y dejó dos bolsas bajo la lluvia.
—Hoy. No quiero que Verónica encuentre esta casa llena de tristeza.
Esa noche, Elena caminó con su hijo en brazos hasta una farmacia abierta. Después durmieron en la trastienda de doña Chayo, una vecina que les prestó cobijas. Emiliano despertó llorando.
—Mamá, ¿mi papá se fue porque me falta una pierna?
Elena le sostuvo el rostro.
—Tu cuerpo no tiene la culpa de la cobardía de nadie.
Durante años repitió esa frase. La dijo cuando limpiaba oficinas, cuando vendía comida afuera de una secundaria y cuando otros niños escondían la prótesis de Emiliano. La dijo el día en que obtuvo una beca, cuando entró a Medicina y cuando juró ayudar a pacientes avergonzados de su cuerpo.
Durante 18 años, Octavio no llamó en cumpleaños, no preguntó por cirugías y jamás envió una sola disculpa.
Ahora estaba frente a ella, sin reconocer nada.
Una recepcionista se acercó.
—Licenciada Navarro, el comité la espera arriba.
Octavio arqueó las cejas.
—Entonces sí puedes mover influencias.
Elena acercó su tarjeta al lector del elevador privado.
—No deberías insultar a un paciente antes de saber quién tomará decisiones sobre tu caso.
Las puertas se abrieron. Dentro estaba un hombre alto con bata blanca. Caminaba con una leve inclinación y llevaba una prótesis moderna bajo el pantalón. Al ver a Elena, sonrió.
—Mamá, ya revisé al paciente urgente que llegó sin seguro.
Octavio perdió el color.
El hombre miró el expediente y después levantó los ojos.
—Soy el doctor Emiliano Navarro, jefe de Cirugía Vascular —dijo—. Y hoy tendremos que hablar de su pierna.
Octavio aún no entendía que el hijo al que llamó inútil era el único especialista disponible para impedir que la infección lo matara.
Tampoco imaginaba que, antes de terminar el día, descubriría quién había pagado en secreto una deuda que él creía olvidada.
¿Ustedes permitirían que Emiliano atendiera al padre que lo abandonó o le pedirían que se apartara del caso?